Se denominan materiales textiles (derivado del latín texere, tejer) a todos aquellos
materiales que están formados por fibras que pueden ser hiladas y por lo tanto tejidas,
aunque hoy día se utiliza también de forma genérica para los materiales hilados, fieltrados,
acolchados, trenzados, adheridos, anudados o bordados que se fabrican a partir de filamentos,
hilazas e hilos sintéticos, y a telas no tejidas producidas mediante la unión mecánica o
química de fibras.
La calidad y las aplicaciones de una fibra dependen, entre otras propiedades, de su longitud,
su finura, su resistencia a la tracción, su textura y sus propiedades antiabsorbentes.
El tejido, una de las primeras
actividades artesanales, ya se practicaba en el neolítico: en el antiguo Egipto los primeros
textiles se tejían con lino; en la India, Perú y Camboya con algodón; en Europa meridional
con lana y en China con seda.
Las fibras textiles se usaban aprovechando su color natural o, más frecuentemente, se
teñían. El teñido se podía hacer antes o después del tejido.
Hasta 1870 se usaron los colores naturales de origen animal o vegetal que se fijaban con
mordientes. Las madejas hiladas de un peso fijo se introducían en primer lugar en grandes
tinajas donde se había disuelto un mordiente que solía ser alumbre, crémor
tártaro, sales potásicas, etc. con el fin de que captasen mejor los tintes.
Los colores más frecuentes eran el azul, rojo y amarillo: