El lino es una de las fibras vegetales más ecológicas, especialmente comparada con
el algodón, ya que éste último puede cultivarse de forma intensiva, con los
condicionamientos ecológicos que esto conlleva. Sin embargo, el lino sólo puede
producir una cosecha cada cuatro años en un mismo suelo, debiendo quedar éste en
barbecho otros cuatro años para volver a cultivar.
Los tejidos confeccionados con lino son más resistentes que el algodón, aunque son
más rígidos y no poseen tanta flexibilidad. Presentan una superficie lisa, brillante,
resbaladiza y muy fresca al tacto. Previamente al hilado requiere la maceración de las fibras,
el secado, el vareado y el peinado.
Se comenzó a cultivar en Egipto desde muy antiguo (probablemente la palabra lino se deriva de un vocablo egipcio), donde era considerada como un símbolo de pureza por su color blanco. Por este motivo los egipcios no sólo lo usaban para la confección de prendas de vestir y artículos domésticos, sino también para sus ceremonias religiosas y como sudarios (algunas momias egipcias aparecen envueltas en sudarios de lino).