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Historia de la seda Historia de la seda
LA LEYENDA...
Historia de la seda: Geishas     La historia cuenta que en el siglo XXVII a.C. el llamado Emperador Amarillo, Huang Ti, le dijo a su esposa Hsi Ling Shi que fuera a la morera a ver cuál era la plaga que había en ella. Ella vio que el árbol estaba lleno de capullitos blancos con un gusanito dentro. Uno de estos capullos cayó en su taza de té y ella descubrió cómo, por el calor, un hilo sin fin se desprendía de él.

    Otra leyenda más fantástica, cuenta como una muchacha se enamoró de su caballo. Su padre, enfadado, mandó matarlos a ambos y colgar de un árbol a su hija, envuelta en la piel del animal. Al poco tiempo, se transformaron en un gusano hilando su capullo, del que, al abrirse, emergió la muchacha viva de nuevo. Cogió la seda del capullo, la vendió en el mercado, y nunca más se volvió a saber de ella.

...Y LOS ORÍGENES DE LA SEDA
    Los chinos fueron, en cualquier caso, quienes primero elaboraron la seda por métodos que fueron todo un misterio durante mucho tiempo, lo cual les posibilitó mantener durante siglos este importante monopolio. Tanto es así, que estaba prohibido sacar los gusanos o las semillas de la morera fuera de sus fronteras, lo que se castigaba ¡nada menos que con la muerte! Aún así, cuentan que algunos europeos lo consiguieron, escondiéndolos entre su equipaje. Otra historia cuenta que un soberano de las tierras de Khotan, en Asia central, se casó con una princesa china que, para poder seguir llevando sus lujosos vestidos de seda, sacó clandestinamente de su país los huevos del gusano de la seda escondidos en su cabellera.

    Parece ser que todo comenzó hará unos 5000 años, cuando los chinos consiguieron domesticar al Bombix Mori (gusano u oruga de la morera). Se piensa que su cría estaba encomendada a la mujer, simbólicamente representada por la emperatriz. La producción de la seda se extendió por la mayor parte de China, en particular en las cuencas inferiores de los ríos Amarillo (Huanghe) y Yangtsé (Changjiang), y en la zona Bashu de Sichuan.
    La seda involucraba gran parte de la vida en china durante las sucesivas dinastías, no sólo en lo relativo a la vestimenta, sino también en todas las facetas artísticas: literatura, poesía, pintura, escultura y folclore. Se ha encontrado seda en forma de cuerdas de instrumentos musicales, papel, etc. En efecto, existieron los libros de seda o boshu, limitados en un principio a los círculos intelectuales por su coste, y posteriormente fabricados de un seda especial, de 73 cm de ancho, con un marco rojo o negro que indicaba los márgenes, que podían plegarse o enrollarse indistintamente.

La Ruta de la Seda

Pinche sobre la imagen para ampliarla     Ya en tiempos del imperio romano, el comercio de la seda era tan importante, y resultaba tan caro, que Justiniano puso limitaciones aduaneras. Parece ser que hacia 555, fué él mismo quien envió al Extremo Oriente a dos monjes para que trajeran por la ruta del Cáucaso los huevos de los gusanos de seda. Los trajeron escondidos en sus bastones huecos, pero por lo visto no eran de una especie muy preciada, lo que, unido al excesivo monopolio que Justiniano pretendía, hizo que la sericultura no prosperase.
    Los siguientes en intentarlo fueron los sogdianos, buenos agricultores y comerciantes, que trazaron las rutas comerciales entre el norte de China y las ricas naciones del Asia Occidental.
    La industria de la seda llegó a España por medio de los árabes en el siglo VII. La huerta murciana fue el centro de cultivo de seda más importante de la Edad Media europea, con Granada, Toledo y Sevilla como grandes factorías y mercados.

    Los árabes no permitieron a los cristianos llevar sus naves hasta el oceano Índico: por lo general, a las regiones del norte de China se accedía por tierra, rodeando el imperio musulmán, y a las regiones del sur de China se accedía por mar.
    A finales del siglo XIII, la sericultura ya es próspera en Italia, monopolizando los italianos el comercio de la seda con Francia, Alemania e Inglaterra durante mucho tiempo después.

    Hay tres rutas principales de comunicación y comercio entre los dos extremos de Asia: Una, al norte del Altai, por el lago Barkul, Urumtsi, el puerto Talki, el valle del Ili, Talas, luego por el mar de Aral, el Caspio, el Cáucaso y Asia Menor. Las otras dos son las más conocidas desde los Han, que pasan por el sur del Tarim y se reúnen al pie de los pasos que atraviesan los desiertos del Pamir y entran en la China.
    Los relatos de los viajes de Marco Polo fueron muy difundidos, pero ni en la antigüedad ni en toda la Edad Media aparece denominada ninguna de estas rutas como "ruta de la seda". Cuando Aurel Stein, en 1907, descubre la Caverna de los Mil Budas, encontrando sedas de los siglos V y VI, se empieza a tomar interés sobre estas rutas. Es entonces cuando se les da este nombre, más como recopilación de varios itinerarios que como trazado de un solo camino. Las rutas de la seda recorrían unos 10000 km, y se podía tardar en recorrerlas unos 7 años mediante caravanas.

LA SEDA DE LYON
    En la Europa de la Baja Edad Media y del Renacimiento las gentes se afanaban por vestirse con sedas, símbolo de lujo, al tiempo que se aplicaban ciertas leyes encaminadas a disminuir el gasto en el vestir y a diferenciar clases sociales en función de los trajes usados.
    En 1450 Lyon obtiene el monopolio de comercio de la seda para toda Francia. Dieciseis años después, Luis XI manda instalar allí talleres propiedad de la corona para fabricar seda.
    En 1545 se funda la sociedad comercial de la Fábrica de Lyon que, durante siglos, dio trabajo tanto a franceses como a italianos, y que aún perdura, a pesar de diversos cambios radicales sufridos (invención del telar Jacquard, nuevas tinturas o el inicio de la moda como tal).

Del siglo XX a la actualidad

Isla Miyajima, Japón     A principios del siglo XX una gran epidemia atacó al gusano de la seda, llegando a enfermar hasta un 80% de los gusanos de los criaderos chinos, que tuvieron que recuperarse con otros procedentes de Francia e Italia. Ésto fue aprovechado por Japón, que se convirtió en el primer productor mundial: cuando comenzó la II Guerra Mundial, Japón suministraba el 90% de la producción mundial de seda en bruto.
    La crisis del 29 y la invasión de China por Japón acabaron con gran cantidad de moreras e hilaturas, y en 1949 quedaban en Shanghai 2 fábricas de hilados de las 100 que hubo en un tiempo.
    La invención de nuevas fibras químicas (nailon, tencel, etc.) hicieron que de nuevo la seda perdiera su importancia. No obstante, el actual panorama comercial y la facilidad del transporte moderno han hecho que la importación proporcione precios asequibles en la actualidad.
    A pesar de que la seda constituye un 0,2% del mercado de las fibras textiles, su valor comercial y de sus derivados es mucho mayor: el precio de la seda cruda es 20 veces el del algodón crudo. Su demanda tiene origen histórico, como hemos visto, y en zonas tradicionalmente productoras la demanda es altísima. En la India, por ejemplo, el segundo productor mundial de seda, las exportaciones están limitadas por esta razón.
    El actual panorama comercial de la seda nos presenta a Italia y Francia como grandes importadores de seda cruda en Europa y como exportadores de los productos ya procesados, ya sea en forma de pañuelos para el cuello, corbatas u otras prendas de vestir, como en forma de artículos de decoración para el hogar (cortinas, murales, colchas, tapicerías...). El alemán, preocupado por la calidad y la ecología, es un gran mercado textil europeo, en particular para la seda, y Japón es el principal consumidor: la producción local descendió radicalmente, y ahora depende en gran parte de las importaciones (de China en particular).

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