Las fibras artificiales provienen de materias naturales transformadas por sustancias químicas, que proceden sobre todo de la celulosa o de la pelusa del algodón (celulosa regenerada, ésteres de celulosa, proteína regenerada, u otras diversas), como la viscosa, el tencel...
FIBRAS SINTÉTICAS
No sólo su belleza, sino también el precio de la seda, animaron a muchos de los
primeros científicos a desarrollar una fibra que se pareciera al hilo del gusano de
seda. En 1664 el científico británico Robert
Hooke sugirió la posibilidad de sintetizar una sustancia pegajosa parecida, pero pasaron
más de 200 años hasta que un científico francés (el conde Hilaire
de Chardonnet) inició la producción artificial de fibras, conocidas al principio
como seda artificial: en 1924, este término fue sustituido por el de rayón.
El nailon es el nombre con el que se engloba a un conjunto de fibras sintéticas que se
fabricó por primera vez en 1938. Las fibras de nailon se utilizan principalmente en todo
tipo de fabricaciones textiles, aunque también se emplean para juntas, bisagras,
correas para maquinaria, cables, neumáticos, filtros, decoración,
materiales para usos deportivos (hilos de pescar, encordados de raquetas, redes, tela de
paracaídas, cuerdas), etc.
El proceso de Chardonnet consistía en forzar el paso de un líquido viscoso a
través de pequeñas toberas y endurecerlo para formar el hilo coagulándolo
en un baño químico. Este proceso sigue siendo el método básico para
producir fibras textiles sintéticas, obtenidas por polimerización de sustancias
derivadas del petróleo.
Más tarde se introducirían otro tipo de fibras sintéticas, como el nailon,
el poliéster o dacrón, el polivinilo, el polietileno, la olefina (a partir
de 1940), y en 1968 un nailon parecido a la seda conocido como qiana.