El algodón es una sustancia suave y blanca, que se encuentra en unas cápsulas
recubriendo a las semillas en distintas plantas malváceas, de entre las que destaca el
algodonero. El algodón se emplea como materia prima desde hace más de 3.000 años.
Al extraer el algodón de sus cápsulas, lo acompaña una gran cantidad de
semillas e impurezas, que son separadas en un proceso que se llama desmotado. Las semillas e
impurezas se utilizan para abono y forraje de animales, mientras que el algodón limpio
se clasifica por su color y la longitud de sus fibras. El algodón, aunque fundamentalmente
se emplea en la industria de tejidos, se utiliza también en decoración y para usos
sanitarios e industriales.
Aunque el algodón es la fibra textil más común en la actualidad, fue la
última fibra natural en alcanzar importancia comercial. En el siglo V a.C. el historiador
griego Heródoto informaba que uno de los productos valiosos de la India era una planta
silvestre cuyo fruto era el vellón; en el siglo siguiente, Alejandro Magno introdujo el
algodón indio en Grecia. Aunque los antiguos griegos y romanos utilizaban algodón
para toldos, velas y prendas de vestir, en Europa no se extendió su uso hasta varios siglos
después.
En América, los habitantes del México prehispánico
utilizaban algodón para elaborar telas. Durante los siglos XV y XVI los exploradores
europeos encontraron textiles de algodón en las Antillas y Sudamérica. Los primeros
colonos ingleses ya cultivaban algodón; con la introducción de la desmotadora de
algod&oacuet;n, inventada en 1793 por el estadounidense Eli Whitney, el algodón se
convirtió en la fibra más importante del mundo en cuanto a su cantidad, su bajo
costo y su utilidad.